Cuando conocí a una escort de Barcelona

Muchas personas hablan de las escorts en Barcelona: de ellas, se dice que son finas, elegantes, discretas y buenas profesionales en la práctica de la compañía (y del sexo, supongo). Innumerables blogs y foros comentan sobre ellas; los usuarios intercambian opiniones y recomiendan los servicios de una o de otra.

Pese a no haber contratado nunca a ninguna, sí conocí a una chica que me confesó que trabajaba como escort. Despertó mi curiosidad, si bien ella creyó, en un principio, que su afirmación me generaría rechazo.

¿Por qué la sociedad siente tanto pavor hacia el trabajo de señorita de compañía? ¿Por qué está tan mal visto el sexo pagado? Supongo que esas preguntas fueron lo que la llevaron a pensar que iba a terminar la conversación en ese momento. Pero, dado que nunca había hablado con una escort (o, por lo menos, con una que hubiera asegurado serlo), mis inquietudes salieron a flote.

Todo lo que me contó sobre las escorts en Barcelona

¿Cómo es dedicarse a esto? Fue lo primero que le pregunté. Hay muchas escorts en la Ciudad Condal, pero sería imposible contar cuántos clientes hay para cada una, porque, además, la demanda crece cada día que pasa. Según me contó, hay muchas personas –hombres y mujeres- que acuden a su local buscando no sólo sexo, sino, también, compañía y conversación para salir a cenar o ir a una fiesta.

Ella era una chica de menos de 30 años, con una abundante melena rubia por encima de los hombros, que vestía de manera elegante y con tacones que la elevaban unos centímetros por encima de la cabeza. Me dijo que estaba estudiando en la universidad y que se costeaba sus estudios con este trabajo.

Quise saber más sobre el perfil de sus compañeras. Me explicó que la oferta de escorts en Barcelona era muy variada: mujeres de diferentes partes del mundo, y la mayoría, con buenos estudios. Cultas, con buenos modales y gustos exquisitos, que habían decidido dedicarse a este sector por diferentes motivos, tales como los que tenía ella misma (permitirse seguir estudiando), o bien, para conocer a personas de las altas cúpulas, conseguir buenos ingresos para ofrecer a sus hijos una buena calidad de vida, o, simplemente, dedicarse al sexo como algo que les apetecía.

En definitiva, al final, aprendí mucho de esa conversación, que duró apenas 10 minutos. Y me hizo plantearme por qué esta sociedad, tan moderna aparentemente, sigue rechazando de manera pública (privada, ya es otra cosa) la contratación de escorts como señoritas de compañía.

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